Compartir

CAPÍTULO 12: SNAKE

 

Cuando vi que Snake estaba llamando a mi puerta me bloqueé y me quedé inmóvil, sin saber qué hacer. TOC, TOC, TOC: esta vez los golpes sonaron más fuerte.

–          ¿Quién es?- Mi voz temblaba un poco-.

–          Sabes quién soy. Santiago, ¿puedo pasar, por favor?

Sentí miedo e incertidumbre pero decidí abrirle. Snake era más o menos de mi altura, delgado, pelo muy corto y rubio, piel casi transparente y unos ojos verdes de serpiente que asustarían a cualquiera. Llevaba unos pantalones vaqueros cortos, zapatillas blancas y una vieja camiseta verde y arrugada. Olía raro, como a gasolina o algo así.

–          Hola, gracias por dejarme pasar. – Su voz potente y masculina no se correspondía con su constitución menuda.

Hablaba muy bien español pero con marcado acento polaco. Lo acompañé al salón y le hice un gesto para que se sentara en el incómodo y duro sofá de mi piso de Ochota.

–          De nada, ¿quieres tomar algo?-  Mi nerviosismo se notaba demasiado.

–          No, gracias. ¿Tienes 10 minutos para mí, Santiago?

–          Sí claro, pero tengo dos preguntas: ¿cómo sabes mi nombre?, ¿cómo sabes dónde vivo?- Seguía con cierto temor pero tenía que preguntárselo.

–          Diego me dijo tu nombre y averigüé dónde vives sin demasiada dificultad. ¿Algo más?

–          Sí, ¿dónde has aprendido español?- Sonreí.

Yo intentaba actuar de forma natural pero sin demasiado éxito. Era una situación realmente extraña. Me costaba mucho mirarle a los ojos, prefería dirigir mi mirada hacia abajo. Fue así como descubrí la enorme cicatriz que tenía en la pierna derecha, parecía la mordedura de alguna bestia. Sentí una gota de sudor deslizarse por mi frente.

–          Estuve de gira con mi circo en España muchas veces. ¿Algo más?

Jamás había estado ante una persona tan seca: apenas gesticulaba, parecía un robot, un zombi.

–          No, no, no. Adelante.- Poco a poco el miedo se iba trasformando en curiosidad.

–          Justyna, la madre de Diego está muy preocupada. No pensaba que Diego iría en busca de … de su padre. Santiago, tienes que decirle a Diego que vuelva a Varsovia. Lo que está haciendo  no tiene ningún sentido. Diego corre peligro en España.

–          ¿Por qué yo?- Pregunté con un leve tono de enfado.

–          Porque a ti te hace caso y a mí y a su madre, no.

–          Perdona Snake, pero con qué derecho le digo yo a Diego que deje de perseguir su sueño. ¿Qué argumentos le doy?

–          No puedo decírtelo. Si le tienes aprecio a Diego, si lo consideras tu amigo, haz todo lo posible para que vuelva a Polonia. – Su mirada fue tan penetrante que sentí un fuerte escalofrío- . No tengo nada más que decir. Gracias por tu tiempo. Adiós.

Snake se fue y yo me quedé sentado en mi banqueta de madera, con la mano en la cabeza, la mirada perdida y el corazón palpitando a cien por hora. Me levanté de un salto y volví a leer el último párrafo del mail que me había enviado Diego horas atrás:

Cuando acabe de escribirte iré a la Tasca Dourado. Estoy convencido de que allí encontraré alguna pista sobre mi padre. Sé que es peligroso, que la mafia búlgara está ahí metida pero me sobran cojones para enfrentarme a quien sea con tal de encontrar a mi padre.

Gracias por tu apoyo y seguimos en contacto.

Un abrazo, amigo.

D.Byk

Print Friendly, PDF & Email

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Escribe aquí tu nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.