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CAPÍTULO 5: EL PADRE DE DIEGO BYK

Después de lo que descubrí en internet sobre Diego mi admiración hacia él se convirtió en fascinación casi enfermiza. ¿Cómo era posible que fuera el mejor en todo lo que hacía? Conocí a mucha gente que destacaba en algo: jugaban muy bien al fútbol o al baloncesto, escribían bien, aprendían lenguas con facilidad … pero aparte de su talento innato, dedicaban horas y horas de trabajo y sacrificio. ¿De dónde sacaba el tiempo Diego para ser campeón de waterpolo, subcampeón de karate, escribir, correr maratones, ser un fenómeno del ajedrez? ¿Cómo se explica que en un año de estudios podía hablar español como una persona que estudia cinco?

Llegué a la conclusión de que Diego Byk tenía una mente prodigiosa y era un portento físico. La naturaleza le había regalado unas cualidades que lo hacían superior al resto de los mortales.

Llegué a las 19:02 al bar Alhambra. Diego me esperaba sentado en una mesa cerca de un ventanal que daba a la calle. En la mesa había una botella de vodka, dos vasos de chupitos, una jarra de zumo de pomelo y una ración de arenques encebollados en nata líquida. Sin duda, una merienda muy polaca. Nos dimos un fuerte abrazo y hablamos de cosas intranscendentes hasta el tercer chupito de vodka.

  • Santiago, gracias por venir y perdón por molestarte con mis problemas pero es que no sé a quién contarle esto – Su voz era sincera.
  • De nada y ninguna molestia – Yo estaba realmente nervioso, no sabía que querría exactamente de mí.

Diego sirvió dos chupitos más y comenzó a contar la historia de su padre:

Mi madre, que se llama Justyna, estuvo dos meses recorriendo España en el año 1983. Visitó ciudades y pueblos, probó la comida típica, fue a fiestas populares, conoció mucha gente y se enamoró locamente de mi padre, Diego Dourado. El segundo apellido no lo sabemos. Mis abuelos paternos son de Galicia pero mi padre nació en Madrid.

Mis padres se conocieron en Málaga en el chiringuito de una playa. Fue un flechazo. Mi madre me contó que nunca había conocido ni conocería un hombre igual. Su romance duró solo dos semanas ya que mi madre debía regresar a Polonia. Mi madre le dio a mi padre su número de teléfono y su dirección. Mi padre en esa época estaba haciendo el servicio militar y le escribió en una servilleta la dirección del cuartel: Residencia Militar General Galera El Sardinero, 0 (El), 51002 Ceuta, España. Mi madre todavía la conserva.

Mi padre nunca se puso en contacto con mi madre. Mi madre escribió varias cartas a la residencia militar pero nunca obtuvo respuesta. Cuando mi madre se enteró de que estaba embarazada fue a buscarlo a Ceuta pero allí no estaba y nadie sabía nada de él. También lo buscó en Málaga y en Madrid pero nunca lo encontró.

Cuando yo era niño mi madre me decía que mi padre vendría algún día a visitarnos, que vivía muy lejos y que siempre nos escribía. No era cierto. A medida que pasaban los años la esperanza se fue diluyendo. Mi madre ya no me hablaba de mi padre y cuando le preguntaba acerca de él, no me respondía. Durante muchos años pensé que no nos quería y que el muy hijo de puta había abandonado a mi madre.

Todo cambió hace un año más o menos cuando soñé que conocía a mi padre. Él estaba pescando en un puerto de algún pueblo costero. Yo me senté a su lado y le pregunté:

  • ¿Has pescado algo?
  • No. En realidad no estoy pescando.
  • ¿Y qué haces?
  • Esperarte, hijo, esperarte. Llevo 19 años esperándote.

 

El sueño era tan real, que al día siguiente decidí matricularme en Sin Fronteras y aprender español lo más rápido posible para buscar a mi padre. Y esto es lo que voy a hacer. He comprado un billete de ida a Madrid y me voy la próxima semana.

 

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