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Hablar alto es habar con volumen fuerte.

El recital de Música y Poesía “Como hace tres mil años…” une al actor argentino Héctor Alterio y al músico José Luis Merlín (considerado uno de los mejores guitarristas del mundo) en un espectáculo donde los poemas son interpretados más que recitados con fondos musicales que son improvisaciones sobre obras de Joaquín Turina, Isaac Albeniz, Francisco Tárrega y Fernando Sor.

En este caso, se trata de un texto de León Felipe (Tábara, Zamora, 11 de abril de 1884 – Ciudad de México, 18 de septiembre de 1968) que forma parte de sus escritos durante su exilio en América, en este caso entre 1942 y 1946 entre México y Bogotá.

A continuación tienes el vídeo y luego el texto para poder seguir y entender todo lo que dice desde el 1:40 del vídeo. Como siempre hacemos en Revista Habla, incluimos la explicación del vocabulario más complejo.

Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.

 

Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porque tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

 

La primera fue cuando descubrimos este continente, y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra!. Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta los oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había motivos para hablar alto! ¡Había motivos para gritar!

 

La segunda fue cuando salió por el mundo, grotescamente vestido con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario fantasma de la Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres: ¡justicia! ¡justicia! ¡justicia!… ¡También había motivos para gritar! ¡También había motivos para hablar alto!

 

El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, en el año de 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡eh! ¡que viene el lobo! ¡que viene el lobo!… ¡que viene el lobo!

 

El que dijo tierra y el que dijo justicia es el mismo español que gritaba hace 6 años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡eh! ¡que viene el lobo!

 

Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento, y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿Pero por qué habla tan alto el español?

 

Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: el español habla desde el nivel exacto del Hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.

Preguntas de comprensión

Responde a las siguientes preguntas para comprobar si has entendido todo el texto.

Vocabulario:

desgañitarnos (desgañitarse): coloquialmente, gritar con todas las fuerzas, hasta perder la voz.

desgarrarnos (desgarrar): rasgar, romper una materia poco consistente; figuradamente: apenar profundamente o provocar gran compasión.

grotescamente: de forma ridícula, extravagante o de mal gusto.

desaforadamente: hecho de manera excesiva, desmedida.

ronquera: falta de voz, afección que hace a la voz sonar ronca, grave.

majada: lugar donde están los animales, rebaño, manada.

soliviantar: agitar, inquietar, poner a alguien agresivo, hostil; enfadar.

rabadanes (rabadán): pastor de varios ganados.

postigos: en una puerta o ventana, pequeña puerta dentro de la otra estructura. Ventana de madera que tapa la ventana de cristal.

Entrada publicada originalmente el 6 de septiembre de 2015. Revisada y actualizada el 27 de junio de 2018.

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